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        <title>RICARDO HENRIQUEZ S.</title>
        <description>BIENVENIDOS QUE LA PAZ Y EL AMOR DEL SEÑOR SE DERRAME EN VUESTRAS VIDAS.</description>
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        <title>GRACIAS</title>
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        <description>&lt;&lt;span style=&quot;color:#007F00&quot;&gt;span style=&quot;font-size:12pt&quot;&gt;HOLA QUERIDOS AMIGOS QUIERO AGRADECER MUY CORDIALMENTE SUS VISITAS A MI SITIO, A LA GENTE DE ESPAÑA, ARGENTINA Y EEUU POR LOS MENSAJES Y MAIL......... ME COMPROMETO A SUBIR MAS MATERIAL PRONTO.  GRACIAS&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;color:#007F00&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;</description>
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        <title>HACER CONOCER Y AMAR AL ESPIRITU SANTO</title>
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        <description>&lt;span style=&quot;color:#BF0000&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color:#BF0000&quot;&gt;&lt;span style=&quot;text-decoration:underline&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;color:#007F00&quot;&gt;&lt;&lt;span style=&quot;font-size:10pt&quot;&gt;span style=&quot;font-size:12pt&quot;&gt; &lt;span style=&quot;color:#BF0000&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color:#BF0000&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:12pt&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;b&gt;&lt;span style=&quot;color:#007F00&quot;&gt;&lt;span style=&quot;text-decoration:underline&quot;&gt;Hacer conocer y amar al Espíritu Santo&lt;br /&gt;Misión de los carismáticos&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt; &lt;/span&gt;ROMA, lunes, 31 mayo 2004 - Ayudar a que tome forma la «cultura de Pentecostés», que es capaz de hacer fecundar la civilización del amor, es misión de los carismáticos en el mundo --según Juan Pablo II--, explica Salvatore Martínez --coordinador en Italia del «Rinnovamento nello Spirito» (RnS) o «Renovación en el Espíritu»--. En Italia, más de 200.000 personas en unas 1.800 comunidades y grupos de oración participan de la espiritualidad del RnS, una de las expresiones de la Renovación Carismática Católica (RCC). La RCC surgió en 1967 cuando algunos estudiantes de la Universidad de Duquesne (Pittsbusrgh, Pennsylvania - EE. UU.) participaron en un retiro durante el cual experimentaron la efusión del Espíritu Santo y la manifestación de algunos dones carismáticos. Desde entonces, la RCC se ha difundido rápidamente por todo el mundo. Actualmente más de 100 millones de católicos participan de la espiritualidad de la RCC en 200 países. Tiene un Consejo Internacional (ICCRS - International Catholic Charismatic Renewal Services) reconocido por el Consejo Pontificio para los Laicos. El sábado pasado, Juan Pablo II, en la vigilia de Pentecostés que presidió en la Plaza de San Pedro en el Vaticano, alentó el proyecto «Zarza ardiente» promovido por el RnS. –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;b&gt;¿Qué representa Pentecostés para la «Renovación en el Espíritu»? --Salvatore Martínez: &lt;/b&gt;&lt;br /&gt;La «Renovación en el Espíritu» quiere ser un signo elocuente del prodigio inagotable de Pentecostés y del florecimiento de la fe en los carismas del Espíritu, una «admonición» para que la Iglesia redescubra la estructura fisiológica de la existencia cristiana, que es, por su naturaleza, una existencia en el Espíritu Santo. La «Renovación en el Espíritu», desde que surge, parece como una concesión de las audaces esperanzas proféticas formuladas por Juan XXIII, desde la apertura del Concilio Vaticano II. Hay dos etapas relevantes: en un primer momento la afirmación de la «corriente de gracia», de una espiritualidad apoyada por la experiencia comunitaria de los carismas, imagen de una Iglesia que ama estar «en el Cenáculo» para «hablar del mundo a Dios» y «fuera del Cenáculo» para «hablar del mundo a Dios»; progresivamente, la afirmación de la noción de «movimiento eclesial», en un creciente compromiso apostólico, de comunión con los pastores, de formación permanente que hace manifiesta la vida nueva en el Espíritu en los «ministerios laicales carismáticos» activados en la Iglesia y en el mundo. –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;b&gt;¿Qué es el «Espíritu» para ustedes? --Salvatore Martínez: &lt;/b&gt;&lt;br /&gt;Sin el Espíritu la evangelización es como un río que se estanca, la caridad un fuego sin calor, la Palabra algo indeclinable, la Eucaristía un misterio impenetrable, el otro nunca será prójimo, el mundo un infierno, el paraíso una realidad olvidada, la Iglesia una madre sin amor. En mi experiencia personal he visto a miles de pecadores volver a Dios, enfermos en el cuerpo y en el espíritu recobrar la salud, hombre y mujeres que habían perdido su dignidad humana y peregrinaban sin esperanza entre mil pobrezas reencontrar el gozo de vivir y de llamarse «hijos, hijas de Dios». Esto y mucho más aún hace el Espíritu en quien se hace dócil a Su Poder, según las promesas de Jesús. Este poder se manifestó en la vida de los apóstoles y se manifiesta en la vida de todo creyente por libre, imprevisible iniciativa del Espíritu: he aquí por qué hablamos de «efusión pentecostal, carismática del Espíritu» junto a las efusiones del Espíritu «programadas» y eficaces en los sacramentos de la vida cristiana. --Decenas de millones de personas participan de la espiritualidad de la «Renovación en el Espíritu». ¿De qué forma piensan ustedes comunicar y testimoniar el Espíritu de Dios entre la gente? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;¿Qué proyecto de vida proponen? --Salvatore Martínez: &lt;/b&gt;La efusión del Espíritu representa la experiencia fundamental de la específica espiritualidad carismática de la «Renovación en el Espíritu»; es el «carisma desencadenante»; la experiencia específica de la «Renovación en el Espíritu». Juan Pablo II la define: «causa de una experiencia cada vez más profunda de la presencia de Cristo». La efusión del Espíritu actualiza y reactiva nuestro bautismo «desaprisionando» al Espíritu Santo. Es una llamada a la conversión permanente, como en el día del descendimiento pentecostal del Espíritu en Jerusalén; es un nuevo conocimiento del señorío de Jesús en nuestra vida, aquel Jesús que es Señor y sólo mediante el Espíritu puede ser amado, adorado, anunciado, testimoniado, compartido. A Pablo VI debemos el primer, convencido, inmediato y «profético» reconocimiento del papel de la «Renovación en el Espíritu» en la Iglesia y en el mundo. Él decía en 1975: «La Renovación debe rejuvenecer el mundo, debe darle una espiritualidad, un alma, Será una oportunidad para la Iglesia si gritáis al mundo la gloria del Dios de Pentecostés». Estamos agradecidos a Juan Pablo II por haber impulsado a la «Renovación en el Espíritu» a convertirse “como nos dijo desde la primera audiencia en 1980” en «esperanza para el mundo», una vanguardia de testigos de la «nueva evangelización» en la docilidad al Espíritu. La incidencia del pontificado de Juan Pablo II, sus continuos apremios en nuestra dirección, han sido el impulso más audaz a la maduración eclesial de la «Renovación en el Espíritu». Desde 1998, además, recibimos anualmente una carta autógrafa del Sumo Pontífice con ocasión del mayor evento que organizamos nosotros en Rímini: un congreso ecuménico en el que intervienen una media de veinticinco mil personas, muchos cardenales y obispos, más de seiscientos sacerdotes y religiosos, cinco mil núcleos familiares, más de seiscientos voluntarios y un ministerio de animación formado por más de ciento veinte personas entre cantantes e instrumentistas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;¿Basta con confiarse al Señor para vivir más humanamente? --Salvatore Martínez: &lt;/b&gt;&lt;br /&gt;Miles de bautizados no tienen experiencia de la presencia y de la acción del Espíritu Santo en su vida. El Espíritu nos ha sido dejado por Jesús como Paráclito “esto es, «Aquel que está llamado a permanecer al lado»--, pero muchos cristianos no sólo no se valen de Su amable compañía, sino que incluso no Lo invocan, no Lo buscan, no confían a Él la dirección de su vida. Resulta hasta demasiado evidente, mientras, encontrar las «señales» de la «ausencia» del Espíritu Santo: la desintegración de la vida familiar, la caída de las vocaciones, la indiferencia hacia tantas pobrezas de nuestro tiempo, el debilitamiento del testimonio de los cristianos. Quien se abre al Espíritu y mediante al oración redescubre la primacía de la vida interior y la belleza de la intimidad con Dios, ve sus propias «aspiraciones naturales» transformarse en esperanza; las interpretaciones humanas y racionales de la realidad reavivarse en la fe; el amor humano regenerarse en caridad; la búsqueda humana de justicia sublimarse en el compromiso a edificar el Reino de Dios en la tierra. –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;b&gt;¿Qué papel desempeña la oración en la propuesta espiritual de ustedes? --Salvatore Martínez: &lt;/b&gt;&lt;br /&gt;La experiencia de la oración de alabanza y de intercesión hechas «en el Espíritu» es dimensión central de Pentecostés, como ya en 1964 afirmaba Pablo VI. La oración es nuestra misma alma ante Dios: cuanto más se somete, «aferrada desde el Espíritu», tanto más experimenta la «loable locura» de David ante el Arca de la Alianza, o como nos ha recordado Juan Pablo II en la Novo Millennio Ineunte (n. 34), «el ardor de afectos hasta un verdadero “enamoramiento” del corazón». Del Papa, con ocasión de la audiencia especial por nuestro 30º aniversario, en 2002, hemos recibido una consigna especial: «convertirnos en la Iglesia en un ¿gimnasio de oración?, de forma particular haciendo amar la oración de alabanza, forma de oración que da gloria a Dios por lo que Él es, antes aún que por lo que hace». Es en este dinamismo espiritual específico de la «Renovación en el Espíritu» que nace y se desarrolla el proyecto «Zarza ardiente». –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Podría explicar las características, motivaciones y objetivos de este proyecto? Salvatore Martínez: Desde 1997, en muchos países del mundo --de modo especial de Europa-- la «visión» de la Zarza ardiente se ha abierto camino y representa una auténtica oportunidad para muchas comunidades eclesiales apagadas o débiles en la oración y en el abandono al Espíritu Santo. De hecho estoy persuadido de que la fe en el tercer milenio tendrá cada vez más necesidad de estar sostenida por una «espiritualidad carismática», que halla en la presencia imprevisible e insustituible del Espíritu su fuerza de mayor incidencia. El 14 de marzo de 2002, Juan Pablo II, al recibir en audiencia privada a los responsables nacionales de la «Renovación en el Espíritu» con ocasión del 30º aniversario del nacimiento de la Renovación en Italia, así se expresaba entregando a la RnS un específico mandato apostólico a la Renovación refiriéndose al proyecto «Zarza ardiente»: «El proyecto “Zarza ardiente” es una invitación a la adoración incesante, día y noche. Habéis querido promover esta oportuna iniciativa para ayudar a los fieles a “volver al Cenáculo” para que, unidos en la contemplación del Misterio eucarístico, intercedan a través del Espíritu por la plena unidad de los cristianos y por la conversión de los pecadores. Se trata de un terreno apostólico en el que vuestra experiencia puede dar un muy providencial testimonio... De forma especial, continuad amando y haciendo amar la oración de alabanza, forma de oración que más inmediatamente reconoce que Dios es Dios; le canta por sí mismo, le da gloria porque Él es, antes aún que por lo que hace». «En nuestro tiempo, ávido de esperaza, haced conocer y amar el Espíritu Santo. Ayudaréis entonces a hacer que tome forma esa “cultura de Pentecostés” que sola puede fecundar la civilización del amor y de la convivencia entre los pueblos. Con ferviente insistencia, no os canséis de invocar: ¡Ven, oh Espíritu Santo! ¡Ven! ¡Ven!». El Santo Padre Juan Pablo II, en línea de continuidad con León XIII, Juan XXIII y Pablo VI, siempre ha señalado en su magisterio la actualidad y la necesidad de un «retorno al Espíritu Santo». En la «Zarza ardiente» Moisés «ve» el amor de Dios que quema sin agotarse; «oye» la voz de Dios que le llama por su nombre; «recibe un mandato de Dios» para hacer saber a todos que «Dios es» y opera signos y prodigios para la salvación de su pueblo (Cf. Ex, 3). También nosotros, como Moisés, somos convocados por el Espíritu de Dios para penetrar y vivir la realidad de la «Zarza ardiente»: contemplando el «misterio» de la «Zarza ardiente» en la adoración de Jesús, Aquél que nos ha amado con un amor «apasionado» en la cruz y sigue amándonos mediante Su Espíritu que nos ha sido dado. «He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera encendido!» (Lc 12, 49) dice Jesús, hablando del «fuego» de su pasión y del «fuego» de Pentecostés; deteniéndose ante la Eucaristía, «fuego de amor», para ser educados por el Espíritu a dar amor a Jesús, es como más nos entregamos, y más Él se entrega a nosotros; más nos abrasamos de amor por Él y más este amor no se extingue, es más, es capaz de «incendiar» otros corazones. Adorando al Vivo y Poderoso Señor Jesús, para proclamar en nuestras oraciones de alabanza y de súplica su victoria sobre el mal y sobre la muerte, reclamando Su intervención en el tiempo presente, para que Su salvación rodee nuestras familias, los ambientes sociales, todo el mundo. --En la «Renovación en el Espíritu» son «entusiastas» de nuestra época. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;¿De donde nace el entusiasmo y la esperaza que les anima? --Salvatore Martínez: &lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los apóstoles fueron «obligados» por Jesús a permanecer en oración y a no tener prisa por conocer los «tiempos de Dios». En el Cenáculo, perseverando en la oración, los primeros seguidores de Jesús fueron llenados del poder del Espíritu y pudieron iniciar su misión evangelizadora. El primer don que recibieron fue el de «lenguas», un «signo» de la novedad del Espíritu en los apóstoles, indicador de la nueva capacidad de «anunciar a todas las gentes» el Evangelio de Jesús con el nuevo lenguaje del Espíritu. También nosotros, como los apóstoles, estamos llamados a volver al Cenáculo para invocar una nueva manifestación del Espíritu Santo en la Iglesia y en el mundo: es Él el «fuego» de Dios; es Él quien quema en nosotros; es Él quien hace nuestras lenguas «abrasadas», irresistibles en el anuncio del Evangelio; para «llevar» el mundo al Cenáculo, para hablar a Dios del mundo, corazón a corazón, con un lenguaje nuevo «no con palabras aprendidas de sabiduría humana, sino aprendidas del Espíritu, expresando realidades espirituales en términos espirituales» (1 Co 2, 13); para tener experiencia de una nueva intimidad con el Señor, de manera especial recurriendo a la adoración, a la alabanza, a la intercesión, a la súplica en el Espíritu, o sea, mediante una oración hecha «en el Espíritu».&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;</description>
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    <item rdf:about="http://ricardohenriquezs.blogcindario.com/2005/06/00003-conocer-amar-y-servir-a-dios.html">
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        <dc:date>2005-06-24T04:49:38+01:00</dc:date>
        <title>CONOCER,AMAR Y SERVIR A DIOS.</title>
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        <description>&lt;b&gt;&lt;span style=&quot;color:#007F00&quot;&gt; &lt;span style=&quot;font-size:10pt&quot;&gt;Recordemos el ejemplo de aquel joven médico que al leer el periódico descubre la foto de una linda chica y su dirección, se decide a escribirle y cortejarla a distancia, enamorándose cada día más. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué hubiera ocurrido si a nuestro médico en el país lejano no le hubiera llamado la atención la joven de la fotografía? ¿O, si luego de unas pocas cartas, hubiera perdido el interés por ella y cesado la correspondencia? Aquella muchacha no habría significado nada para él a su regreso. Aunque se toparan en la estación a la llegada del tren, su corazón no se sobresaltaría al verla. Su rostro hubiera sido uno más entre la multitud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algo parecido sucederá si no empezamos a amar a Dios en esta vida: no hay modo de unirnos a Él en la eternidad. Si nuestro corazón llega a la eternidad sin amor de Dios, la dicha simplemente, no existirá. Como un hombre sin ojos no puede ver la belleza del firmamento estrellado, un hombre sin amor de Dios no puede ver a Dios; entra en la eternidad ciego No es que Dios diga al pecador impenitente (el pecado no es más que una negativa al amor de Dios): “Si no vienes preparado, no quiero que te me acerques. ¡Largo de aquí para siempre!” No. El hombre que muere sin amor de Dios, o sea, sin arrepentirse de su pecado, ha hecho su propia elección. Fue él quien, consciente y lúcidamente, rechazó de un manotazo la amante invitación que Dios le ofrecía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo primero será, pues, conocer todo lo que podamos sobre Dios, para poder amarlo, mantener vivo nuestro amor y hacerlo crecer. Volviendo a nuestro imaginario galeno: si ese joven no hubiera visto el periódico donde aparecía la chica, resulta evidente que nunca habría llegado a amarla. No podría haberse enamorado de quien ni siquiera sospechaba su existencia. E, incluso, si después de ver su fotografía, el joven no le hubiera escrito y por la correspondencia conocido sus virtudes y su personalidad, la primera chispa de interés nunca se habría hecho fuego abrasador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ésa es la razón por la cual nosotros “estudiamos” a Dios y lo que Él nos ha dicho de Sí. Ésa es la razón por la cual recibimos clases de catecismo en la infancia y cursos de religión en la juventud y madurez. Por esa razón atendemos a las homilías los domingos y leemos libros y folletos doctrinales, asistimos a círculos de estudio, seminarios y conferencias. Son parte de lo que podríamos llamar nuestra “correspondencia” con Dios. Son parte de nuestro esfuerzo por conocerlo mejor para que nuestro amor por Él pueda crecer y fructificar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no basta conocer para amar. Existe un termómetro infalible para medir nuestro amor por alguien, y es hacer lo que agrada a la persona amada, lo que le gustaría que hiciéramos. Volviendo al ejemplo de nuestro mediquillo: si, a la vez que dice amar a su novia y querer casarse con ella, se dedicara a derrochar su tiempo y dinero en prostitutas y borracheras, sería un hipócrita de cuerpo entero. Su amor no sería veraz si no tratara de ser la clase de persona que ella querría que fuese, si no pusiera en práctica las recomendaciones que ella le sugiere en sus cartas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Análogamente, hay una sola forma de mostrar nuestro amor a Dios, y que consiste en hacer lo que Él quiere que hagamos, siendo la clase de persona que Él dispuso que fuéramos. El amor a Dios no está sólo en los sentimientos. Amar a Dios no significa que nuestro corazón deba dar brincos cada vez que pensamos en Él; eso no es esencial. El amor a Dios reside en la voluntad. No es por lo que sentimos sobre Dios, sino lo que estamos dispuestos a hacer por Él, como probamos nuestro amor a Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras más amemos a Dios aquí, tanto mayor será nuestra dicha en el cielo. Aquel que ama a su prometida sólo un poco, será dichoso al casarse con ella. Pero otro que ame más a la suya será más dichoso que el primero en la consumación de su amor. Del mismo modo, al aumentar nuestro amor a Dios (y nuestra obediencia a su voluntad) aumenta nuestra capacidad de ser felices en Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, pues, aunque es cierto que cada uno de los que están en el cielo es totalmente dichoso, también es verdad que unos poseen mayor capacidad de dicha que otros. Para utilizar un ejemplo antiguo: un pequeño dedal y un barril pueden estar ambos llenos, pero el barril contiene más agua que el dedal. O también, si cinco individuos contemplan una pintura famosa todos están pasmados ante el cuadro, pero cada uno en grado distinto, dependiendo de su conocimiento y sensibilidad pictóricos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo esto es lo que el catecismo enseña al decir: “¿Para qué te ha creado Dios?”, a lo que contesta diciendo: “Para conocerlo, amarlo y servirlo en esta vida”. Esa palabra de en medio, “amar”, es la palabra clave, la esencial. Pero el amor no se da sin previo conocimiento, pues hay que conocer a Dios para poder amarlo. Y no es amor verdadero el que no se traduce en obras: haciendo lo que al amado le complace.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de terminar, interesa mucho tener en cuenta que Dios no nos deja abandonados a nuestra humana debilidad en este asunto de conocerlo, amarlo y servirlo. No se ha limitado a ponernos un instructivo en las manos y dejar que nos arreglemos con su interpretación lo mejor que podamos. Dios ha enviado a “Alguien” para que nos dé la fuerza interior y para ilustrar lo que debemos saber en orden a nuestro destino eterno. Dios ha enviado ni más ni menos que a su propio Hijo, el Verbo eterno, que vino a la Tierra para darnos la Vida que hace posible nuestra felicidad sobrenatural, y para enseñarnos el Camino y la Verdad con su palabra y ejemplo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE DIOS LOS BENDIGA QUERIDOS AMIGOS Y HERMANOS &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&lt;/span&gt;&gt;&lt;/b&gt;</description>
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    <item rdf:about="http://ricardohenriquezs.blogcindario.com/2005/06/00002-no-al-reiki.html">
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        <dc:date>2005-06-18T07:34:37+01:00</dc:date>
        <title>NO AL REIKI</title>
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        <description>&lt;b&gt;&lt;span style=&quot;font-size:12pt&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color:#FF0000&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size:10pt&quot;&gt;HOLA QUERIDOS AMIGOS Y HERMANOS PRONTO PUBLICARE UN DOCUMENTO SOBRE EL REIKI, YA QUE CREO QUE TENEMOS QUE TOMAR CONCIENCIA DE LO MALO QUE ES PRACTICARLO. ESPEREN EL DOCUMENTO. GRACIAS Y QUE DIOS LOS BENDIGAY RECUERDA QUE SOLO DIOS TE SANA&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;img style=&quot;border:0px;width:15px;height:15px;padding:0px;margin:0px;background:none;&quot;  src=&quot;http://pics.miarroba.com/caretos/flash.gif&quot; alt=&quot;Flash&quot; title=&quot;Flash&quot; /&gt;</description>
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    <item rdf:about="http://ricardohenriquezs.blogcindario.com/2005/06/00001-padre-ramiero-cantalamessa.html">
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        <dc:date>2005-06-13T23:51:34+01:00</dc:date>
        <title>PADRE: RAMIERO CANTALAMESSA</title>
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        <description>&lt;span style=&quot;font-size:10pt&quot;&gt;El padre Raniero Cantalamessa comenta las lecturas del próximo domingo &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ROMA, viernes, 10 junio 2005 (ZENIT.org).- Publicamos el comentario del padre Raniero Cantalamessa --predicador de la Casa Pontificia-- a las lecturas del próximo domingo (Ex 19,2-6a; Sal 99,2-5; Rm 5,6-11; Mt 9,36-10,8). &lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;11 del tiempo ordinario – año A &lt;br /&gt;Mateo (9,36-10,8) &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquel tiempos Jesús dijo a sus discípulos: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies». Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo; Simón el Cananeo y Judas el Iscariote, el mismo que le entregó. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eligió a los doce y los envió &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el Evangelio de este domingo Jesús «llama» a sí a los doce y les constituye «apóstoles». Por lo tanto les «manda» hacer lo que hacía él: predicar el reino, cuidar a los enfermos, librar a la gente del miedo y de los poderes demoníacos. Les dice: «Gratis lo recibisteis. Dadlo gratis». &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel día Jesús decidió e inauguró la futura estructura de su Iglesia. Ella tendría una jerarquía, un gobierno, o sea, de los hombres por él «llamados» y «enviados» para continuar su obra. Es por esto que la Iglesia es definida «una, santa, católica y apostólica»: porque está fundada en los apóstoles. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero todo este asunto de mies y obreros, de rebaño y pastores, de gobernantes y gobernados hoy no goza de buena prensa. Vivimos en un clima de democracia y de igualdad entre los hombres. Si alguien debe ejercer una autoridad deben hacerlo, pensamos, en nuestro nombre, en cuanto que nosotros mismos, con las elecciones, le hayamos conferido el mandato. De aquí un difundido rechazo, o desestimación, ante la jerarquía de la Iglesia: Papa, obispos, sacerdotes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se encuentran continuamente personas, especialmente jóvenes de bachillerato y universitarios, que se han construido un cristianismo del todo ellos. Tienen, a veces, un marcado sentido religioso, sentimientos bellísimos. Dicen que, si quieren, se dirigen directamente a Dios, pero que no se les hable de la Iglesia, de los sacerdotes, de ir a Misa, y cosas así. «Cristo sí, la Iglesia no», es su lema. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hay duda de que también la Iglesia pueda y deba ser más democrática, esto es, que los laicos deban tener más voz en la elección de los pastores y en el modo en que ejercen su función. Pero no podemos reducir, en todo, la Iglesia a una sociedad regida democráticamente. Ella no es decidida desde abajo, no es algo que los hombres ponen en pié por iniciativa propia, para su bien. ¡Si sólo fuera eso, ya no habría necesidad de la Iglesia, bastaría el Estado o una sociedad filantrópica! La Iglesia es institución de Cristo. Su autoridad no viene del consenso de los hombres; es don de lo alto. Por ello, incluso en la forma más democrática que podamos desear para la Iglesia, permanecerá siempre la autoridad y el servicio apostólico, que no es, o no debería ser jamás, superioridad, dominio, sino servicio «gratuito», dar la vida por el rebaño, como dice Jesús hablando del buen pastor. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que tiene lejos a ciertas personas de la Iglesia institucional son, en la mayoría de las ocasiones, los defectos, las incoherencias, los errores de los líderes: inquisición, procesos, mal uso del poder y del dinero, escándalos. Todas cosas, lamentablemente, ciertas, si bien frecuentemente exageradas y contempladas fuera de todo contexto histórico. Los sacerdotes somos los primeros en darnos cuenta de nuestra miseria e incoherencia y en sufrirla. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los ministros de la Iglesia son «elegidos entre los hombres» y están sujetos a las tentaciones y a las debilidades de todos. Jesús no intentó fundar una sociedad de perfectos. ¡El Hijo de Dios –decía el escritor escocés Bruce Marshall-- vino a este mundo y, como buen carpintero que se había hecho en la escuela de José, recogió los pedacitos de tablas más descoyuntados y nudosos que encontró y con ellos construyó una barca –la Iglesia-- que, a pesar de todo, resiste el mar desde hace dos mil años! &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay una ventaja en los sacerdotes «revestidos de debilidad»: están más preparados para compadecer a los demás, para no sorprenderse de ningún pecado ni miseria, para ser, en resumen, misericordiosos, que es tal vez la cualidad más bella en un sacerdote. A lo mejor precisamente por esto Jesús puso al frente de los apóstoles a Simón Pedro, quien le había negado tres veces: para que aprendiera a perdonar «setenta veces siete».&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;</description>
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